Evitar un nuevo episodio de represión

Maestro César, estas cosas pasan, ¿no?… Con saludos cordiales.

Calderón entrega el Estado fallido… Urgencia inmediata:

evitar un nuevo episodio de represión

César H. Espinosa

En un país en condiciones de abierta “guerra civil” (el ejército se enfrenta a otro combatiente), regido por la impunidad política y delincuencial, cuyo poder judicial se encuentra en los últimos escalones de ineficiencia y corrupción, el TRIFE resolvió el conflicto electoral mediante una simple salida legalista (igual o peor que en 2006)… ¿le llegará extrañar a alguien que imperen el descontento, la rabia y la deslegitimación?

Sólo tal vez el NeoPRI  y adláteres (duomonopolio televisivo, el concilio de obispos, el poder empresarial, etc.) verán con absoluta tranquilidad el nuevo statu quo… ¿Alguien no está de acuerdo? Que el TRIFE no haya dado un sólo paso para poner en duda la escasa legalidad del proceso electoral, ni menos aún que haya demandado reconstruir un aparato político radicalmente en quiebra… ¿No!, ¡todo está en orden!

Desde alrededor de 2008, las agencias militares de Estados Unidos y los grandes voceros de los negocios mundiales (revista Forbes) calificaron a México como un “Estado fallido” (en compañía de Pakistán); a su vez, el ex “zar” antidrogas estadunidense, Barry McCaffrey, secundado por el entonces secretario de Economía de Calderón, Gerardo Ruiz Mateos, anunciaban la eventual cercanía (para 2012) del establecimiento de un “narcoestado” en México.

Después de transcurrido el video-show de las recientes elecciones federales, ¿superó México esa calidad de “Estado fallido?… En realidad, seguimos viviendo tres, cuatro, cinco crisis al mismo tiempo. Los principales comentaristas políticos pasan revista de éstas, para llegar a una conclusión que salta a la vista, pero que siempre termina disfrazada tras los árboles del vocinglerío mediático o los spots del propio gobierno: que el país carece de un verdadero mando político, aunque no de una voraz “clase” política que hace y deshace sin control y se reparte cuanto quiere de los restringidos recursos públicos.

México baila hoy en la cuerda floja enfrentando al menos tres graves crisis que coexisten y se contagian, que se agravan recíprocamente: con 65 mil ejecuciones hasta el momento, no cede la inseguridad; la crisis económica dista de ver fondo, pues seguimos a tumbos en la recesión, en un repunte incierto, mientras la administración pública y el país carecen de respuestas viables para salir del atolladero (las medidas anticíclicas detuvieron la caída libre, pero seguimos en declive).                                                          (OJO: VER FRASES ENTRE GUIONES)

La crisis política, por su parte, tras de la elección y el fallo del TRIFE crece sin freno y tal parece que nos hemos acostumbrado a ella, conjuntamente con otra muy evidente de falta de liderazgo en casi todas las actividades públicas; con ellas necesariamente se cruza la crisis de confianza frente a la impunidad de que gozan los “crímenes políticos” (crimen es cualquier delito grave, no sólo el asesinato), podemos distinguir la existencia de al menos tres nudos o cuellos de botella en el timón nacional.

Primero, el país vive en medio de un vertiginoso proceso de fragmentación social, acicateado por el estancamiento económico y las condiciones de deterioro en la seguridad pública. Segundo, los actores sociales y políticos que tendrían como función central articular y cohesionar las demandas ciudadanas –sindicatos, asociaciones y partidos– no lo están haciendo, salvo excepciones como la UNT. Tercero, los incentivos para la acción cooperativa son muy débiles y frecuentemente se contradicen entre sí.

Ante el declive de las capacidades de gobierno sigue vigente la partidocracia, entendida como un arreglo institucional basado en reglas formales e informales, que cierra los espacios de mayor participación ciudadana en los procesos electorales por medio de acuerdos oligárquicos. Es importante aclarar que la denuncia de este arreglo no trae consigo el rechazo a una idea central de la democracia moderna: la necesaria existencia de un sistema sólido de partidos políticos, que permitiera la participación ciudadana sin erosionarse.

Tras el biombo de la mayor visibilidad mediática de las crisis criminal, económica y de mando, la impunidad política llegó para quedarse… durante más de 20 años hemos visto, impávidos, cómo se desmorona un sistema político y cómo se descompone la respectiva élite del poder.

Hoy, la urgencia inmediata que es preciso tener en mente es evitar a todo trance la irrupción de una nueva etapa de represión, tanto que sea a través de un reestreno de los “halcones” (paramilitares de 1971) o de la soterrada Guerra Sucia echeverrista… Esta debe ser nuestra prioridad política fundamental.

 

César Espinosa y Araceli Zúñiga <postart@prodigy.net.mx>

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